Si vives a menos de 20 km del mar, tus estructuras metálicas envejecen de 2 a 5 veces más rápido que en un entorno continental. Te explicamos por qué y cómo solucionarlo.
El enemigo invisible: el cloruro de sodio
El aire marino contiene partículas de sal en suspensión invisibles a simple vista. Estos cloruros se depositan en las superficies metálicas y aceleran drásticamente la corrosión electroquímica. Esto se conoce como corrosión salina.
Es particularmente agresiva porque ataca el metal incluso en ausencia de agua visible; la humedad del aire es suficiente.
Las zonas más afectadas en la costa
- Portones y cercas expuestos a los vientos marinos
- Barandales de balcón y terraza con vista al mar
- Estructuras metálicas de construcciones costeras
- Equipos exteriores sin protección
Qué cambia en la protección
En zonas costeras, una pintura común no es suficiente. La sal penetra bajo la capa de pintura y desencadena la corrosión por debajo, lo que provoca las ampollas y descamaciones típicas que se observan en la costa.
El zinc de GALVACYL® resiste este mecanismo porque no actúa como una simple barrera física. Neutraliza electroquímicamente el ataque salino, lo que lo convierte en una solución especialmente adecuada para entornos costeros.
La frecuencia de mantenimiento a prever
En zonas costeras, se recomienda una inspección visual anual. Un retoque cada 5 años en exposición directa a las salpicaduras, cada 8 a 10 años para zonas resguardadas.